
Lo que partió como una oportunidad académica terminó convirtiéndose en un verdadero remezón personal. Así lo cuenta Enyger Vega Castillo, estudiante de Psicología de la Universidad Santo Tomás, quien hoy vive una experiencia que —según dice— le cambió la forma de ver su carrera… y su futuro.
La joven cruzó el océano para instalarse en la Universidad de Valencia, en España, como parte del programa de intercambio internacional de Santo Tomás. Una experiencia que cada vez seduce a más estudiantes chilenos que buscan algo más que clases: crecer, desafiarse y salir de la zona de confort.
“Esta oportunidad apareció en el momento justo. Me permitió reconectar con las razones por las que elegí mi carrera y darme cuenta de que realmente me gusta”, cuenta Enyger desde Europa.
Pero no todo fue fácil. Apenas llegó, se encontró con un sistema académico muy distinto al chileno. “Aquí una sola evaluación puede definir si apruebas o no”, explica, lo que la obligó a adaptarse rápido a un nuevo nivel de exigencia.
En lo personal, el desafío también fue grande. “Al principio me costaba acercarme a otras personas o decir que estaba de intercambio”, reconoce. Sin embargo, con el paso de las semanas, todo fue cambiando. “Es algo bastante común acá, y en mis clases hay varios estudiantes internacionales. Eso me ayudó mucho a integrarme”.
Hoy, instalada en Valencia, destaca la ciudad como un espacio clave en su proceso. “Me ha dado mucha tranquilidad y paz. Es un lugar donde puedo enfocarme en mis objetivos”, comenta.
Y aunque reconoce que no es una decisión menor, especialmente por los costos y trámites, tiene claro que su mensaje para quienes dudan: “Que se atrevan a tomar el riesgo. Eso sí, es clave informarse bien sobre el proceso, el visado y el costo de vida”.
Para Enyger, el intercambio no solo suma en lo académico. “Te hace más independiente, te obliga a adaptarte y te cambia la mirada sobre tu futuro”. Una experiencia que, más que un viaje, termina siendo una verdadera experiencia transformadora.






